Relatos salvajes

Comedia dramática.
Reparto: Ricardo Darín, Óscar Martínez, Leonardo Sbaraglia y gran elenco gran.
Dirección: Damián Szifron.
Quienes conservamos en la memoria el inolvidable recuerdo de la serie Los simuladores, casi podríamos convertir esta película en un film de culto. La imaginación de Szifron parece no tener límites, continuando fiel a sus otras virtudes, como el suspenso, el humor –a veces un poco negro de más para algunos gustos- y la violencia, en otra época inconcebible en el grado exhibido, pero dentro del marco de la obra (y de la situación actual), extraña y dolorosamente familiar. Distorcionada

Se trata de gente común con problemas comunes. Lo que ya no es tan común es la acumulación de problemas comunes, que a manera de una bola de nieve van convirtiéndose en un problema de proporciones gigantescas, que se convierte en la némesis del protagonista. A veces por imperio de las circunstancias, pero generalmente por la sumatoria de acciones estúpidas tomadas por las personas que los rodean sin pensar en sus consecuencias. La voluntad del protagonista para solucionar sus conflictos se ve minada en su eficacia por la intervenciones egoístas y violentas de los demás personajes. De ahí a poner al personaje principal en una situación límite e incluso al borde del abismo, hay un pequeño paso.

Un imperdible Darín que personifica a un ingeniero experto en demoliciones que hace malabares para atender sus obligaciones familiares, laborales y ciudadanas; la historia de la moza y la cocinera de un parador de mala muerte se resuelve impecablemente, en mi modesta opinión; un misterioso episodio que transcurre íntegramente en el interior de un avión y que tiene varios chispazos de humor negro y cruel, pero humor al fin; una boda que amenaza con terminar en desastre; una negociación que por momentos se acerca al chantaje, pone en situaciones que pasan de lo trágico a lo cómico a un impresionante Óscar Martínez, a causa de una tragedia; y una historia de acción en la ruta, casi lo más inverosímil de la película, con una línea final que provoca la carcajada, considerando los sucesos previos.

Es difícil comentar una película de suspenso, así sea de clase Z, que no es el caso. Está muy bien hecha y mejor actuada. Muchos de los papeles, si no fuera por la contundencia de las actuaciones, correrían el serio riesgo de caer en el ridículo. Y no les digo más, porque nunca adivinarán que el asesino es el mayordomo.

 

María Inés Peyrallo