Agosto

Reparto: Meryl Streep, Julia Roberts y gran elenco.


Mi contacto con el cine de estreno se debe esencialmente (¿exclusivamente?) a circunstancias externas. Eso influye en la elección de la película, la cual está sujeta a motivos tan superficiales como el horario. Pero es lo que hay.


En ese marco aleatorio fui a ver “Agosto Condado de Osage”, una película basada en la obra teatral homónima de Tracy Letts (era eso o “Robocop”). Muchas críticas acusan a la adaptación cinematográfica de conservar demasiado ambiente teatral: que va, no es cierto. Se trata de la obra textual, y casi completa, del original para escenario, de la que se omiten por lo menos un par de diálogos que resultarían por demás esclarecedores. Y porque, puestos a filmar teatro, déjense de locas pasiones y por lo menos que se diga todo el texto.


La historia es la de una familia disfuncional con la que puede identificarse cualquiera. Porque a esta altura, una familia funcional ya parece ser cosa del pasado. Hay de todo, la desgracia que quiera está presente en la película, en un increscendo de dolor, frustración, vergüenza y cuanto sentimiento negativo exista se pueda imaginar. En criollo, cuando piensa que ya está, esto es lo peor, aguarde, que aún no termina. Lo de la familia disfuncional es lo típico: pedirse cuentas, tratar de arreglar la vida ajena cuando la propia es un desastre, escupirse reproches y demás lindezas, considerando que son todos más o menos parientes (o tal vez por eso mismo). Parece un retrato de esta época, en que todos se acostumbran a pedir y a tener, y se olvidan de dar. Amén de esa manía ingenua que tienen los norteamericanos de pensar que si se escupen unas cuantas groserías todo se va a arreglar. Lo único que matiza un poco algo que sería prácticamente insufrible, es el humor, a veces demasiado negro, pero humor, al fin.


El duelo entre Meryl y Julia es de proporciones épicas. Verlas juntas no tiene precio, como el aviso. No se hagan ilusiones, gana Meryl, pero Julia da buena batalla. Destacadas actuaciones tienen también otros actores de la película, pero eso lo juzgará cada quien, si es que se atreve a ir a verla. Digo se atreve, porque si no le gusta el teatro, mejor no vaya, se va a aburrir de tanto diálogo. Eso sí, si tiene ganas de ver pelearse un montón de gente que no es su propia familia por problemas reales o imaginarios, no se la pierda.


Por último y no menos importante, me parece destacable el personaje Johnna, la joven Cheyenne que el Sr. Weston contrata de asistente para toda tarea. Es el único personaje coherente, que sabe lo que quiere, lo que tiene que hacer para conseguirlo, y actúa como lo pide la situación, guste o no a propios y ajenos, firmemente apoyada en las tradiciones de su pueblo y en sus raíces. Parte de esto se ve en el filme, pero la mayoría surge de los diálogos mencionados, lamentablemente omitidos. A veces un detalle puede ser importante: en la trilogía de “El Señor de los Anillos” alguien con un mínimo de inquietud intelectual puede preguntarse por qué Sam trata a Frodo de “usted”, cuando todos los demás lo tutean. En los libros, sin embargo, se puede usted enterar que Sam es el jardinero de Frodo y que éste es un miembro importante de la comunidad.


El ahorro de tiempo en el cine, puede ser redituable en términos monetarios. Pero si no hay más remedio que recortar un vestido, subile el dobladillo o agrandale el escote, no le saques una manga sola. Aunque pedirle a Hollywood que respete la inteligencia del espectador, es demasiado pedir.