La rebelión del lobo o variaciones sobre un clásico infantil

Rudy Menéndez

Era una mañana gélida, apenas asomaba una tenue luz. Mi cuerpo cansado y dolorido no respondía como antaño. El extraño concierto óseo que provocaba el estirarme e incorporarme hacían que el día comenzara pesado y poco motivante. Solo de pensar lo que pasaría luego, mañana, pasado mañana y el resto de lo días….esa rutina, sin variantes, con un final esperado y festejado por todos, no por mí. Siempre hambriento y de una voracidad compulsiva. Rompo la escarcha, tomo algo de agua y hundo mi cabeza en ella, siento pinchazos que me lastiman pero me dejan bien despierto para lo que me espera.

Un suave trote por el bosque y allí está ella, esa sádica heroína, una verdadera golfa, que simula ser una inocente pueblerina. La conozco muy bien¡¡….Su pollerita corta y acampanada, su capa roja de puta descarada y esa canastita con una torta y manteca para su pobre, enferma y dulce abuelita. Hace largo rato que dejó de ser una niña pequeña. Se ha transformado en una voluptuosa mujer.

Casi vomito de pensar en su enferma abuelita, sabe a carne podrida de varios días, es casi repugnante, ni hablar de su olorosa ropa con la cual me trasvisto, era más que notorio que esa dulce señora sufría de incontinencia urinaria y no usaba pañales descartables.

Pero todo vuelve a suceder, estoy en la cama, con mi barriga llena de la asquerosa abuelita, vestido con sus ropas de cama y haciéndole las estúpidas preguntas de siempre a esa infame de Caperucita, solo que esta vez y como era en un principio la invito a acostarse conmigo, siempre simulando la voz. Caperucita accede, se desviste quedando solo con un gran camisón y se acuesta a mi lado. Todo le resulta grande cuando me ve.

Hoy necesito un cambio, real y permanente. Cuando me pregunta que dientes tan grandes tengo….ya no contesto lo usual….le digo “Para cogerte mejor” y me abalanzo sobre ella, rasgándole el blanco camisón y descubriendo sus pechos que comienzo a lamer provocando la turgencia de sus grandes y rosados pezones. Caperucita sorprendida por el giro de los acontecimientos comienza a jadear como nunca antes, ya le bajo su bombacha y empiezo a penetrarla, su capa se mueve al compás de nuestro frenesí sexual, su larga cabellera negra le da un marco especial. Esta golfa es realmente bella. Pero siempre hay un aguafiestas, aparece en escena el maldito leñador, que ya no tenía que abrirme el abdomen para rescatar a nadie. Frustrado y furioso por ver a su adorada Caperucita convertida en mi amante ocasional, nos amenaza y dando un portazo se va. La fiesta había terminado, aunque yo necesitaba unos minutos más. Caperucita fastidiada por la situación recoge sus ropas y sin importarle su abuela o su virtud puesta al descubierto, sale persiguiendo al leñador. Y yo en la cama, con el pañuelo de la dulce abuelita en mi cabeza, desnudo y …y…feliz por este cambio circunstancial, acabo entre gruñidos.

Mañana será otro día y colorín colorado esta historia ha acabado.